martes, 25 de septiembre de 2007

la MAñAna MigRAndO




Virando la proa para donde iba el viento.
Antes, cuando sus ojos la miraban.

El suave susto que lleva adentro
El suave susto la hará perder.

Miradas marinas que no se imagina.
Pozos.
No hay suerte en todo este mundo.

La mañana migrando.

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Treparon sus ojos primero.
El día era demasiado débil.

Si aprendiera a moverse con tranquilidad.
Si pudiera dejarse ir del todo…

El primer día va a perseguir.
El segundo día no alcanzará.

Su corazón apuñalado
por lo que no le pertenece.



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De memoria recita el poema que escuchaba de chica.

¿No es incómodo nadar tan tarde?
¿Pensar tan tarde?
Las ideas se hacen niebla.
Hieren más que otras veces.

Se hace agua el peso de su cabeza.
Se hace insoportable el mismo calor
que ayer le parecía agradable.

Espera sentada que el viaje la alivie,
Disimula su tristeza dibujando átomos.

Súbitos momentos en los que
recuerda las palabras textuales.


El musgo con que se cubren
las oraciones, tiene su rastro.
Olvida el mundo cómo era su voz.

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Deslumbrados, sus hombros deslumbrados.
Sus brazos, silenciosos, se apagaron.
No ha sido el calor.
Tampoco la lluvia.
Lo que fue suyo, fue suyo por dentro.
Quedó enterrado su pequeño secreto,
ahogó al pez de nuevo.

El río fluye aunque no lo sepa.

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Colgándose su collar titilante.
Abre las ventanas al día del amor.
Acuna en su camino
a los otros, brillantes.
Ellos se confunden afuera,
en el patio.

Hay versos en todas partes.
Excepto que ninguno rima.


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Sosegado el recuerdo de su tarde.
Su montículo de tierra.
Sosegada al clavarle a otros
mustio aroma.
Mira adentro de la casa.
Se ríe el fuego

Cerrando la puerta
del bastón con espada.

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Una mirada más por la ventana.
No entra el mundo en sus ojos.
Y en su corazón se encendió el diamante.

Polvo de brillos
hamacando un quejido.

Abre los puños.
Más allá espera la tierra.
No puede ver lo que dejó atrás.

El brillo que tienen las cosas santas.

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