domingo, 7 de octubre de 2007

No- azules

I

Olfateó el perfume sin mirar atrás,

donde la lámpara

se descomponía.

Enfrente, el pequeño espejo sonriente

Los 79 abajo.

Algunos para siempre,

otros esperando que los tomara.

Medicaría el aire, evaporando escombros.


Lleno de huecos y polvo, que era piel caída,

huída del cuerpo,

estaba el cuarto.

II

¿Hay algo allí que me llama…

Restablecida la calma.

… en esa multitud…

Comiendo la carne.

… demoníaca?


Esperó el llamado.

El tic-tac alerta.

No tenía tiempo para ellos

No podía seguir esperando

ni podía arrancarme el corazón tan rápido.


… ¿Se preguntan si también…

No hay relámpago. Apenas autos.

… bajé a la otra orilla para aullar y danzar?

No.

La tierra no parecía tierra

****


Las tinieblas,

borradores descompuestos,

miraban desde adentro sin alma

Después llegué a acostumbrarme

y dejé que el calor me disolviera.

Sin hacer nada,

parado allí.

El corazón encogido,

orientado al sol.

Sin armas,

miraba el calor

que me daba fuerzas

y me volvía líquido.

Llegué a recuperar el sueño

y el hartazgo se hizo carne.

Amémosla y ella nos amará.

****


Se retrasaban en la oscuridad

y la selva no terminaba.

Siempre había ruidos en la noche

La población había desaparecido.

Enloquecidos por el terror…

No eran sombras las que vi en los párpados,

sólo creía en…

… yo no iba a ir a ninguno de esos colores…

sólo creía en lo que veían mis ojos.

… a mí me correspondía el amarillo…

… la muerte en el centro...

****


Intenté oír mirando al norte.

La forma de todo se iba a vaciar en el molde de la vista

Aquel era mi pensamiento dominante…

No sabía si el tornillo se había ajustado solo o…

"¿Puede usted gobernar el timón?"

Me dolía respirar, me dolía hablar

Ese lugar iba a consumirme.

Y yo quería que así fuera.


La voz que estaba escuchando no se apagaba.

Entonces escurrí el agua y hundí la aguja,

amputando la cabeza de la hormiga

… marfil…

Tuve ganas de arrojarme

… al acentuarse la noche sobre el río insomne…

con el corazón encogido

por el sonido de la voz.


Oí de nuevo.

No parecía que me inquietara tener

el costado abierto.

La sangre era oscura

y sin embargo

… parecía arrojar algo de luz…

****


Para entonces yo estaba del todo despierto…

No había mañana, ni cielo.

Y hablar no era fácil

El calor hacía que las palabras pesaran.


¿Qué cubría con las manos?

… la verdad íntima se oculta, por suerte, por suerte.

Pero yo la sentía durante todo el tiempo.

Pude ver que no eran esos sus dedos.


Al borde de la embarcación

flotaban algunos troncos inertes

… la superficie, la realidad,

sí, la realidad digo, se desvanece.

No iba a volver sin antes poder verlo.

Una vez, o dos.

Con eso bastaría.


Casi con vida,

Sentía con frecuencia aquella inmovilidad misteriosa

que me contemplaba, que observaba…

Sin duda era una sombra

… tal como los observa a ustedes…


Entró

y el caballo estaba roto.

****


¿Podías ver la noche desde abajo?

No hubo respuesta.

El viento estaba cambiando suave

y desprendía densas partículas de azufre,

que lentamente enrarecían la atmósfera.

Lo miré a través del aire enviciado,

A su alrededor, y encima de él,

un profundo silencio…

No era un sueño

aquello que veía.

Pero quería despertar de una vez.


La suya era una oscuridad impenetrable…

la orilla acercándose a mi sombra.

Yo lo miraba como se mira…

Delirando

… a un hombre

tendido en el fondo de un precipicio…

No había palabras.

… frente a él no sabía si pisaba

tierra o si flotaba en el aire.

Ni siquiera lo intenté.

No iba a ver mi

imagen reflejada en sus ojos.

*****


El camino equivocado.

Yo tenía planes inmensos…

No es por ahí.

Me hallaba en el umbral de grandes cosas…

Y sin embargo, no podía avanzar.


Los bordes de la selva

Me hundían sus pequeños puñales agudos

De ese modo, intentaba seguir sin luz

preguntándome si acaso podría continuar,

si era ese lugar parte del mundo, o si

… se había desprendido de la tierra…

como yo, hacía tiempo.

****


Yo iba también con un compañero blanco…

Ya vería las luces de nuevo, en otro lugar.

Pero no serían azules.


Rodeando con la vista la totalidad de la escena.

Se dio vuelta y lentamente, desapareció.

Caminamos un poco más

El lugar aparecería ante nosotros.


Otra vez la selva adelante, atrás,

metida en todos los rincones del cuerpo,

nos acompañaba atravesando la noche.


… la oscura corriente corría rápidamente

desde el corazón de las tinieblas…

Escépticamente ví reflejos dentro de un árbol

Me moví en círculos

Pude recordar algo.

Algo viejo

Sin sentido ahora.

Y me ahogué

como una anguila entre las ramas.

****


Miré el cielo. Estaba negro.

Y crujió bajo mis pies la verdadera forma de andar.

… vive rectamente…

cayendo al borde del río

… muere, muere…

No íbamos a llegar.


****



Nota: Las oraciones en cursiva pertenecen a “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad.

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