domingo, 22 de junio de 2008

Del cuaderno violeta

Peces y días distraídos atrapados. Mojar humano.
Truenos, libros encontrados. Amor lejano.
Sin ruido. Ruido que no hay.

En un hueco profundo guardado todo. Encerrado.
Terminado el libro rojo, recordado.
Algún pez enumerado, nadado, no involucrado. Atado.
Y letras aguardadas, vomitadas. Secadas. Ya impresas, formadas
Que no pueden predecir nada.
Reglas quebradas, imposibilitadas. No existe adivino. Nada.

Imágenes sin relación, cuando dos se juntan, significado abrupto. Trucado y
Vertebrado.
Pesada-amarga-sucia-sembrada luz de idea. Recuerdo un día y un nombre, y más,
un final.
Tarde apagada, ni ese nombre, ni ese día, ni nada.

*
Recuerdo que no conozco.
Recuerdo que abro éstos segundos al no tiempo, la no memoria.
En un abismo de ciegas intenciones y preguntas.

*

Aleteo de pájaros. Qué repugnante.
Suenan mortalmente. Agudas criaturas se enriedan en el cielo y en la tierra.
Pueden partirse y volver a nacer
Caída suave, violenta espera.
Acariciar aire. Esperar.
Los ví trepados al Oriente y cerré los ojos con fuerza. Pero escuché.

*
La obligué a dormir.
A desterrarse entera de este sueño horrible.
La obligué a dormir.
Me sentía molesta.
La hice dormir.
Y una vez dormida, cubrí su frío con una manta.

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