sábado, 7 de marzo de 2009

Escenario natural

El ciervo en tinieblas se nubla de pronto, entregado a un ritmo infrecuente. Desarticulados sus sentidos, memorizan el hábito de sentirse un ciervo sobre un prado. Es más que asombroso el azar en sus aciertos.

Hay un verde apenas pálido y un azul que no hiere tanto a la vista; hay una mancha casi oscura esperando en alguna saliente de aquel monte. Si se mira hacia allí, se cae uno por el mismo peso que tiene la vida cuando se ven los colores. Cuando realmente se ven los colores y son absorbidos como líquido en un pedazo de tierra yerma.

Rebalsan las hojas del acantilado pardo, rebotan en la memoria infinita y se graban ahí sin conciencia de ello, sin intención.
Las puertas de una casa de campo se abren y aparecen una persona o dos, brillan a la luz del sol mientras se despiertan del todo. Las naranjas saben mejor que nunca. Su jugo brota; inflama los labios.
El espacio los inunda.

Se cristalizan las telas de araña recién hechas. Se pegotean los dedos. Hay pesar en los insectos que no volaban en el patio; que se hundían escudriñando rincones para escapar de un temblor, o de una carga que en realidad no llevaban.

1 comentario:

Lucas Aguirre. dijo...

Si se mira hacia allí, se cae uno por el mismo peso que tiene la vida cuando se ven los colores. Cuando realmente se ven los colores y son absorbidos como líquido en un pedazo de tierra yerma.
:):) :)