viernes, 18 de marzo de 2011

Este pedazo de tierra

Fuego en las montañas que no quemaban. Empezaban a trocearse los caracoles y las hembras de los toros.
Había sonidos desde todas las direcciones y se multiplicaban cuando llegaban al paredón de piedras y hierba que se llamaba montaña.
Ansias de vacío y saturación de realidades paralelas.
Siempre es noche y es tarde cuando el suspiro se deja desvanecer.
Ahora adentro, ahora afuera.
Las distancias se hacen pocas, se hacen agua.
Polvo-viento de nube atraído por este pedazo de tierra. Aquí se está bien junto las hojas del árbol que revegeta. Se enfrían las manos de pronto y el señor que está parado en la puerta cerca del ciruelo, endurece su columna.
Bigotes, barbas, cabras masticando maíz. Cabras de pupilas rectangulares con ojos de gato, hacen ruido cuando trituran el maíz.
Y cuando el ritmo del corazón se hace audible, empiezan las canciones de nuevo; los abrazos, las risas, la compañía.
Todo era frío ese verano. Empezaban las estaciones sin nombre y se casaban las estrellas con los insectos, tenían hijos atómicos.

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