sábado, 9 de abril de 2011

Campos

Tengo un veneno. El veneno vuela, imita a los pájaros, repta y calienta la tierra. Se queda mirando con los brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta. Sueña que es pájaro, que es espía.

Solo en la noche cubierto de nieve, se envuelve. Camina hasta la casa que se esconde en el monte. Piensa en cuando llegue a la casa, encienda la pipa y haga un fuego.
Cada huella esta plegada sobre sí misma y se enciende y se apaga bajo nuestros pasos.
El final de la región se acerca mientras se congelan las esferas de nieve que llegan a los tobillos.

Y las células pesadas de líquido se serenan.
Y la oscuridad sobrevuela, se hace suave.

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