jueves, 18 de agosto de 2011

El camino

¿Cuántas cuentas brillantes? ¿Cuántas piedritas blancas? ¿Cuántos papeles de diario? ¿Cuántas briznas de pasto? ¿Cuántos ciervos? ¿Cuántos globos metalizados?  ¿Cuántos envoltorios de golosinas? ¿Cuántos baldosas, cemento y calles hay en el camino hasta tu casa? 
  “Los fantasmas no están  atados a los lugares, sino a las personas” dice una mujer en una peli.  Qué raro es entonces el flotar del cabello en el agua, las ruinas de alguna vieja batalla, los guantes de goma mojados por dentro.

Definitivo, muerto, pegado a viejas ideas que después no se conservan.

Tengo que empezar a  escribir ahora, mientras esté aun atada a algún tipo de viento; al cerrojo de manos pasadas por alcohol. 

Ellos no vuelan. Espían a las manzanas cuando están floreciendo.
Entonces fantasmas de nuevo. Pianos de nuevo.
Subtitulando todas las veces que los besos no son dados; que las palabras no son amables; que el ego carcome. Abriendo paso a algo infinito, verdadero.
                         
 “el juicio esta nublado por los vahos de la planta” le escribe por el MSN

No hay comentarios: