miércoles, 19 de octubre de 2011

Siesta

Sin rumbo haciendo fuerza contra muchas cosas invisibles. Están donde siempre estuvieron todas las cosas: no buscar lo que no se encuentra. Se han calmado las estacas, ya no van a clavarte. 

Hay un soplido detrás de la cabeza, una brisa que apenas se nota.
Fresco y azul.
Todo el cielo se recorta detrás de tu pelo castaño.
Y suenan castañuelas en la radio por la tarde. Limonada y cactus rotos en el piso; sandías, melones, ojotas, crema. Y muchas otras cosas de verano.
Duerme el sol en la terraza. Ella sueña con osos de peluche que acarician las plantas de los pies. Después el sueño se corta y empieza otro de esos en los que uno quiere gritar y no puede. Se despierta, se sacude y se queda así con la cabeza apoyada en el almohadón como un zombie, sin poder reaccionar después de la siesta.

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