viernes, 18 de marzo de 2011

Este pedazo de tierra

Fuego en las montañas que no quemaban. Empezaban a trocearse los caracoles y las hembras de los toros.
Había sonidos desde todas las direcciones y se multiplicaban cuando llegaban al paredón de piedras y hierba que se llamaba montaña.
Ansias de vacío y saturación de realidades paralelas.
Siempre es noche y es tarde cuando el suspiro se deja desvanecer.
Ahora adentro, ahora afuera.
Las distancias se hacen pocas, se hacen agua.
Polvo-viento de nube atraído por este pedazo de tierra. Aquí se está bien junto las hojas del árbol que revegeta. Se enfrían las manos de pronto y el señor que está parado en la puerta cerca del ciruelo, endurece su columna.
Bigotes, barbas, cabras masticando maíz. Cabras de pupilas rectangulares con ojos de gato, hacen ruido cuando trituran el maíz.
Y cuando el ritmo del corazón se hace audible, empiezan las canciones de nuevo; los abrazos, las risas, la compañía.
Todo era frío ese verano. Empezaban las estaciones sin nombre y se casaban las estrellas con los insectos, tenían hijos atómicos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Panteras dicen

Hoy sí te extraño.
Y les dije a las panteras, a las plantas, los platos, los bichitos del patio que no me lo recordaran. Les dije a todas las otras cosas con las que me crucé esta tarde que no, que no, no quiero acordarme.

El sol y la noche sonreían como sólo ellos saben hacerlo. Al final de este martes se encontraron atentos. No había luces en la ciudad, solo estelas de brillantina que dejaban los colectivos y los autos chiquitos como los citroens, que hacen mucho ruido. Yo los miraba de reojo hipnotizada por los reflejos.

Caminamos muchas cuadras yendo y volviendo sobre nuestros pasos y no escuchamos ni el murmullo general, ni las bocinas, ni los pocos pájaros que quedaban en el centro de la ciudad. Aullaban los nuevos lobos-camiones, impasibles, hasta que algún charco explotó en algún zapato y nosotros estábamos ya muy lejos como para verlo. Yo dije que faltaba poco, que dobláramos en la esquina.

Y así me fui quedando con todo y no quise dar nada. La tarde y las espinas me gritaban: ¡Qué mentirosa!,  ¡Qué falta de amor!. Más adelante, una viejita me miró a los ojos y me dijo: sos buena, podés empezar y terminar todas tus cosas, pero también podés fumar mientras miras las nubes en tu patio. 
Fueron lindas sus palabras, las repetí muchas veces.