sábado, 27 de agosto de 2011

Unos

En un patio del invierno que se acaba, las personas están riendo hasta tarde, a carcajadas. Todos esos conocidos, mitad familia, mitad compañeros de viaje. Miles de minutos condesados en horas de reloj y  en horas de no tiempo. Horas y horas de no hacer nada o de hacer demasiado.  Borracheras y doestas con cada uno, uno por uno.

Están brillando acá mismo, justo hoy, qué coincidencia. 

Confusiones, miles de chistes malos, enamoramientos fugaces. Tristeza, pensando que el otro se aleja para siempre.  Llorar aferrados unos con otros, hasta que casi no se puede respirar más. El dolor desapareciendo y convirtiéndose en un té con miel o en un bajón de chocolate con almendras y dulce de leche a cucharadas. Pizza, asado, arroz, vino, cerveza negra y rubia, caramelos de goma, frutas. Vómitos, malos viajes , dolores de panza. 
Cuanta mezcla y cuanta pérdida. Cortando cuartos, octavos, miles de décimas; armando con cualquier cosa. Bailando con cualquier música. Despedazando palabras hasta el surrealismo.
El doestudio, las ganas de ser joven para siempre.  Las lapiceras, lápices y pinceles escribiendo y dibujando en parvas de papeles. Ahora las ideas descansan amontonadas en cualquier parte.
 ¿No sabías que el tiempo es chicle de frutas y estamos parados justo justo en la eternidad? Solo parece que faltara tiempo para estar echados al sol, mirando nubes en forma de ovnis; pero lo hay.

jueves, 18 de agosto de 2011

El camino

¿Cuántas cuentas brillantes? ¿Cuántas piedritas blancas? ¿Cuántos papeles de diario? ¿Cuántas briznas de pasto? ¿Cuántos ciervos? ¿Cuántos globos metalizados?  ¿Cuántos envoltorios de golosinas? ¿Cuántos baldosas, cemento y calles hay en el camino hasta tu casa? 
  “Los fantasmas no están  atados a los lugares, sino a las personas” dice una mujer en una peli.  Qué raro es entonces el flotar del cabello en el agua, las ruinas de alguna vieja batalla, los guantes de goma mojados por dentro.

Definitivo, muerto, pegado a viejas ideas que después no se conservan.

Tengo que empezar a  escribir ahora, mientras esté aun atada a algún tipo de viento; al cerrojo de manos pasadas por alcohol. 

Ellos no vuelan. Espían a las manzanas cuando están floreciendo.
Entonces fantasmas de nuevo. Pianos de nuevo.
Subtitulando todas las veces que los besos no son dados; que las palabras no son amables; que el ego carcome. Abriendo paso a algo infinito, verdadero.
                         
 “el juicio esta nublado por los vahos de la planta” le escribe por el MSN