domingo, 14 de julio de 2013

Detergente



Pasa dentro de una botella de detergente.
¡Una botella de detergente!
Hay seres ahí adentro, hay estrellas, universos y  mil generaciones enteras de vida. Y yo  no logro verlo. Me escribo en los dorsos de las manos, intento utilizar las palabras correctas; trato de mentir, me peleo con el suelo, las hormigas, el desorden del tiempo.
 Pero no lo veo.

El mundo hizo un sacrificio por vos, por mí. Y nacimos después del dolor, después del alivio. Creímos que nos moríamos pero seguimos vivos para vernos crecer.
Y encontramos el curso de donde brotaban las cosas; vos lo sabías antes que yo.

En un cadáver también había belleza. Pero me obsesione con el morbo de querer saber y se hizo un vicio. Después crecí,  y crecí más en una casa donde oía hablar al floripondio y al naranjo agrio. Ahí aúllan  los niños, jugando a los lobos mientras los cubro con mantas de abuelos.

Tuve una abeja y muchas nubes. Les puse nombres de catástrofes que escondí en el pecho.
Pulmones y corazones se rompían alrededor, marcando el pulso de días soleados. Me topé con el hecho de que todos eramos mortales, no solo los perros enterrados en el patio.
 Y tuve que tener cuidado, porque cada momento requería de cuidados, de tener los sentidos despiertos: no estrellarse contra ningún suelo
Tuve miedo tantas veces que creí que era parte. Pero vos me dijiste que no era así y te creí.

El temor es hiriente solo con uno mismo

Amé a todas las cosas por un momento y es todo lo que pude aprender de Dios. No sé si nuestras manos bastaran para calentar nuestros corazones en el cosmos.

Somos un suspiro y nos volveremos aire a cada paso.