lunes, 17 de marzo de 2014

Vos no hablás

En la boca, en su boca.
En la boca que todos esperan, se habla del viento.
Ese viento no es el mismo que golpea los hielos de la lluvia y se cuelga en el pavimento del sonido.

La segunda vez que vengas.
La mejor vez que vengas.
Viento: vos no hablás.

Estás en la pieza, se funde la almohada. Las sábanas se hacen agua, se funde tu rostro con lo oscuro. No hace frío, es el sexto mes del año. Es el sexto día desde que soñaste con el lodo empantanando todo: las piedras, el amor, los ríos.

 Cuántas veces se repetirán las mismas frases. Es circular.
 Querés salir de tu casa de fiebre. Querés apaciguar  el corazón cansado de rutinas.
 Los sueños responden a tus preguntas, esperan flojos.
Y volvés a preguntar sobre lo mismo cien veces más, como si no lo supieras desde el fondo.

Cada palabra es fin, cada vez, cada muerte. Se enlazan los ojos con piedras volcánicas que aparecen en el camino. Las guardas en el único lugar posible: tu bolsillo. Y seguís el camino como se pueda, cuando se pueda.

Y otra vez viene desde el fondo de tu ser, ese rostro que te enmudece y te paraliza. Son tu padre, tu madre y los hermanos que no nacieron. Vienen nombres de la personas que quisiste como un vómito, los nombres de las posibilidades en el llano.

Estabas en el claro del mundo.
 Aprendizaje.
 Muchas veces caían los frutos y las uvas de los árboles,
sin pudrirse.

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