miércoles, 30 de abril de 2014

El que no duerme


Sos vos en la tinta que se opaca. Sos vos cuando no podes verte en ningún espejo.
Conocemos tu rostro y tus gestos más de lo que vos en toda tu vida te has conocido.

Y hoy que es una tarde de Domingo, miraste a tu amor y lloraste por una frase de una peli melosa (“Despierten a la presencia divina, que duerme en cada hombre y cada mujer, reconózcanse mutuamente en ese amor que nunca cambia.”)

El cielo no se mezcla, se espera. Y en los ojos de todos los misterios se encuentran el Nilo y otros lugares donde la gente te ama.

Se calma el fondo.
Vos seguís sosteniendo lo que queda de los recuerdos familiares. Las fotos viejas que nunca escaneaste. Vos custodias esa enorme cantidad de palabras que resuenan tristes a lo lejos.
Tus hermanas se hicieron ramas; se buscaron en sueños y volvieron a ser chicas. Jugaron y sacaron la tele chiquita al patio mientras comían facturas.
Más tarde te quedaste frío, durmiendo en la cama cucheta. Despertaste y dormiste otra vez en el sueño.
Tu casa, tu familia, tus discos fueron atropellados por un huracán sin tierra. La nieve que nunca llegaba se transformó en la Navidad. También había perros, gatos, tíos y  hubo codornices un verano.

Lluvia de montaña que aparta lo seco: no lo escuches al que no duerme. Quedate sonando un rato más, apagá los bosques.