martes, 15 de noviembre de 2011

Electricidad

Espío a las verdaderas ventanas. Se nutren de mí mientras callan, asustadas. Como el reverso, como el después de todas las cosas conocidas.
El suspiro. Una noche encallada en las palmas de sus manos. Vió transpirar el musgo en la terraza, vió la sombra que hacían las vigas, la ropa tendida en la soga; vió una lágrima que no podía salir de los ojos del chico lindo. Cuando él hablaba recordaba todos sus aciertos y sus errores, remarcados en rojo carne viva. Porque los errores son los que más se remarcan y remarcan, hasta que la hoja sangra y te ponen un 2 y te la llevas a Marzo.
Ellos no querían el brillo de una ciudad imantada, querían los fines de semana de reposo, de lluvia, de hacer pan en el horno y tomar el té mirando la lluvia desde la galería.
Pero así es el ruido y no es fácil entrever a través de otros, a veces desgasta intentarlo.

Suspender el entendimiento.
Sujetar un par de manos, las que sean.
Después soltarlas.
Seguir adelante. 

miércoles, 19 de octubre de 2011

Siesta

Sin rumbo haciendo fuerza contra muchas cosas invisibles. Están donde siempre estuvieron todas las cosas: no buscar lo que no se encuentra. Se han calmado las estacas, ya no van a clavarte. 

Hay un soplido detrás de la cabeza, una brisa que apenas se nota.
Fresco y azul.
Todo el cielo se recorta detrás de tu pelo castaño.
Y suenan castañuelas en la radio por la tarde. Limonada y cactus rotos en el piso; sandías, melones, ojotas, crema. Y muchas otras cosas de verano.
Duerme el sol en la terraza. Ella sueña con osos de peluche que acarician las plantas de los pies. Después el sueño se corta y empieza otro de esos en los que uno quiere gritar y no puede. Se despierta, se sacude y se queda así con la cabeza apoyada en el almohadón como un zombie, sin poder reaccionar después de la siesta.

viernes, 14 de octubre de 2011

Trueno

Habla el trueno con los frutos que maduran. Se llenan de vos, y de mí.
El sentir en los corazones no existe sin las células que brincan. Después se calman, como las brasas del fuego. Así y un poco más.

Y las estrellas se avivan en esos ojos. Hacen que todo crezca, que todo se nutra.

Olvidando las marcas que huelen a viejo.
Escuchando las pisadas de las cabras en un monte que se desgrana.
Se acaban las cosas, se caen pedazos de paredes, pianos, cuevas solitarias en donde nadie nunca ha entrado. Solo los insectos, que viven en otro plano. No saben quienes somos, ni nosotros sabemos de ellos.
El suelo se infecta de amores perdidos, de todo lo que no se pudo abrazar, todo lo que no se puedo hervir al fuego, tranquilamente.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Torta de cumpleaños


una sombra gastada atraviesa la cocina humeante
solo arroz, solo  agua
y una torta de cumpleaños
brilla un poco de aceite derramado en la mesada
el coco se pierde entre el chocolate derretido
los ingredientes se mezclan con un aullido de perro triste
alertas las luces, alerta lo oscuro

otro día más que termina
a veces los días se parecen mucho entre sí
y los pensamientos son agua
chorreando lentamente
a través de una ventana lluviosa
pegajoso, todo pegajoso

alguna gente puede renacer de un día para el otro
y alguna gente no puede entender qué hace acá

el sueño  confunde las reglas
los mundos
aguas vivas rodean los pies
están tan cerca: las conforman miles de células
miles de visiones.

el colmo del vicio
es no dejar los pensamientos recurrentes
los actos recurrentes
no hacer ningún esfuerzo

el círculo de las manos danza con la harina
amasa tanto pan
tanta pena
pero luego
ya pasa
           

sábado, 27 de agosto de 2011

Unos

En un patio del invierno que se acaba, las personas están riendo hasta tarde, a carcajadas. Todos esos conocidos, mitad familia, mitad compañeros de viaje. Miles de minutos condesados en horas de reloj y  en horas de no tiempo. Horas y horas de no hacer nada o de hacer demasiado.  Borracheras y doestas con cada uno, uno por uno.

Están brillando acá mismo, justo hoy, qué coincidencia. 

Confusiones, miles de chistes malos, enamoramientos fugaces. Tristeza, pensando que el otro se aleja para siempre.  Llorar aferrados unos con otros, hasta que casi no se puede respirar más. El dolor desapareciendo y convirtiéndose en un té con miel o en un bajón de chocolate con almendras y dulce de leche a cucharadas. Pizza, asado, arroz, vino, cerveza negra y rubia, caramelos de goma, frutas. Vómitos, malos viajes , dolores de panza. 
Cuanta mezcla y cuanta pérdida. Cortando cuartos, octavos, miles de décimas; armando con cualquier cosa. Bailando con cualquier música. Despedazando palabras hasta el surrealismo.
El doestudio, las ganas de ser joven para siempre.  Las lapiceras, lápices y pinceles escribiendo y dibujando en parvas de papeles. Ahora las ideas descansan amontonadas en cualquier parte.
 ¿No sabías que el tiempo es chicle de frutas y estamos parados justo justo en la eternidad? Solo parece que faltara tiempo para estar echados al sol, mirando nubes en forma de ovnis; pero lo hay.

jueves, 18 de agosto de 2011

El camino

¿Cuántas cuentas brillantes? ¿Cuántas piedritas blancas? ¿Cuántos papeles de diario? ¿Cuántas briznas de pasto? ¿Cuántos ciervos? ¿Cuántos globos metalizados?  ¿Cuántos envoltorios de golosinas? ¿Cuántos baldosas, cemento y calles hay en el camino hasta tu casa? 
  “Los fantasmas no están  atados a los lugares, sino a las personas” dice una mujer en una peli.  Qué raro es entonces el flotar del cabello en el agua, las ruinas de alguna vieja batalla, los guantes de goma mojados por dentro.

Definitivo, muerto, pegado a viejas ideas que después no se conservan.

Tengo que empezar a  escribir ahora, mientras esté aun atada a algún tipo de viento; al cerrojo de manos pasadas por alcohol. 

Ellos no vuelan. Espían a las manzanas cuando están floreciendo.
Entonces fantasmas de nuevo. Pianos de nuevo.
Subtitulando todas las veces que los besos no son dados; que las palabras no son amables; que el ego carcome. Abriendo paso a algo infinito, verdadero.
                         
 “el juicio esta nublado por los vahos de la planta” le escribe por el MSN

viernes, 22 de julio de 2011

Se acuestan los caminos

Se acuestan los caminos.
Se pierde la mañana.
Se van a otro lado los aromas.

Está vivo el silbido entre las paredes. Se unen, conversan, cocinan arroz una y otra vez, hasta la noche. A alguna hora se dan la mano. Aparecen los grillos. Se mojan las esponjas. Hacen una lista.
Los chinos del super hablan a los gritos y en chino, entre ellos.
El sol cubre las verduras y las frutas; satura los colores.  

Los estantes se desatornillan. La compu se rompe. Nadie contesta nada.

Campos giratorios de girasoles. Semillas y frutas secas en las bolsas de la dietética.
Una nueva lista con un dibujo en el reverso de la hoja, un nuevo repasador.
Rutina desanimada y cansada.
El placer se rompe y se vuelve a armar, como las canciones y los abrazos; como los juguetes y los semáforos; como las calles y las uñas; como las personas y los bailes.

Hay un poco de luz en el baño, si tratás de mirar.
Luz en los pelitos de la nuca, luz en las plantas. Hay luz hasta en lo lugares donde parece no haberla.

Sus ojos son lo que más importa.
Hay que mirar mucho y saber hacer silencio; escuchar cuando los otros quieren aprender. Y cuando nos dan tesoros que no entendemos, hay que saber guardarlos para después.

sábado, 9 de abril de 2011

Campos

Tengo un veneno. El veneno vuela, imita a los pájaros, repta y calienta la tierra. Se queda mirando con los brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta. Sueña que es pájaro, que es espía.

Solo en la noche cubierto de nieve, se envuelve. Camina hasta la casa que se esconde en el monte. Piensa en cuando llegue a la casa, encienda la pipa y haga un fuego.
Cada huella esta plegada sobre sí misma y se enciende y se apaga bajo nuestros pasos.
El final de la región se acerca mientras se congelan las esferas de nieve que llegan a los tobillos.

Y las células pesadas de líquido se serenan.
Y la oscuridad sobrevuela, se hace suave.

viernes, 18 de marzo de 2011

Este pedazo de tierra

Fuego en las montañas que no quemaban. Empezaban a trocearse los caracoles y las hembras de los toros.
Había sonidos desde todas las direcciones y se multiplicaban cuando llegaban al paredón de piedras y hierba que se llamaba montaña.
Ansias de vacío y saturación de realidades paralelas.
Siempre es noche y es tarde cuando el suspiro se deja desvanecer.
Ahora adentro, ahora afuera.
Las distancias se hacen pocas, se hacen agua.
Polvo-viento de nube atraído por este pedazo de tierra. Aquí se está bien junto las hojas del árbol que revegeta. Se enfrían las manos de pronto y el señor que está parado en la puerta cerca del ciruelo, endurece su columna.
Bigotes, barbas, cabras masticando maíz. Cabras de pupilas rectangulares con ojos de gato, hacen ruido cuando trituran el maíz.
Y cuando el ritmo del corazón se hace audible, empiezan las canciones de nuevo; los abrazos, las risas, la compañía.
Todo era frío ese verano. Empezaban las estaciones sin nombre y se casaban las estrellas con los insectos, tenían hijos atómicos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Panteras dicen

Hoy sí te extraño.
Y les dije a las panteras, a las plantas, los platos, los bichitos del patio que no me lo recordaran. Les dije a todas las otras cosas con las que me crucé esta tarde que no, que no, no quiero acordarme.

El sol y la noche sonreían como sólo ellos saben hacerlo. Al final de este martes se encontraron atentos. No había luces en la ciudad, solo estelas de brillantina que dejaban los colectivos y los autos chiquitos como los citroens, que hacen mucho ruido. Yo los miraba de reojo hipnotizada por los reflejos.

Caminamos muchas cuadras yendo y volviendo sobre nuestros pasos y no escuchamos ni el murmullo general, ni las bocinas, ni los pocos pájaros que quedaban en el centro de la ciudad. Aullaban los nuevos lobos-camiones, impasibles, hasta que algún charco explotó en algún zapato y nosotros estábamos ya muy lejos como para verlo. Yo dije que faltaba poco, que dobláramos en la esquina.

Y así me fui quedando con todo y no quise dar nada. La tarde y las espinas me gritaban: ¡Qué mentirosa!,  ¡Qué falta de amor!. Más adelante, una viejita me miró a los ojos y me dijo: sos buena, podés empezar y terminar todas tus cosas, pero también podés fumar mientras miras las nubes en tu patio. 
Fueron lindas sus palabras, las repetí muchas veces.

sábado, 19 de febrero de 2011

La hija mayor

Siempre sé lo que es ser noche, lo que es estar aquí como brillo de piedras mojadas.

Ellas llegaban desde todos los rincones de la casa trayendo agua y niños dormidos.
El patio era hermoso.
Y yo me senté a su lado.
Su voz suave cantaba una canción que decía “tú que tienes los ojos bañados de luz”.
La noche anterior, me había levantado semidormida para escribir “mis ojos guardan luz”.
Y yo me preguntaba, mientras el corazón me palpitaba rápido:
“¿qué quiere decir esta coincidencia, qué quiere decir?”.
“La respuesta más adecuada, es la que más nos convenga o simplemente la que más nos guste"

Entonces, entendí que hay un secreto guardado con algodones en cada momento
que hay perlas y sorpresitas de cumpleaños
que hay pasado y futuro simultáneos y que nada tiene respuesta.
Me expliqué que tenía que detenerme ante la belleza de ese momento y confiar.
Confiar en él y confiar en mí.
Y sobre todo,
confiar en la canción
para la hija mayor.

viernes, 28 de enero de 2011

Escarbar

El trabajo de escarbar en lo dormido, lo seco.
Duerme el musgo con sus manos.
Sus alas de viento flotando
en el castillo de la mente.
Empalidece el color, lo diluye con agua.
Se oculta la luz.