jueves, 20 de noviembre de 2014

Volcán II

¿Quiénes somos en este brillo azul?
¿Quiénes en esta lava que se aquieta?

El volcán nos busca. Y adoro la forma que tiene de hablarnos, empezando porque nos da las buenas noches en el pecho, nos quema sin herirnos y así dormimos plácidos a su sombra.
Pero, ¿Quiénes somos? 
Quisiera saber…
Aquí, lamiéndonos las heridas, no esperamos nada. 
Perdemos la mirada y tenemos miedo, empequeñecidos.

"Mirá quienes somos: pequeños cachorros dormidos, flotando sin pensar que el mundo se ha olvidado de nuestros ojos."

Tu paisaje se atora de visiones. Plantás semillas de lechuga, brócoli, rúcula y pimiento para darle un sentido a la tarde. Remedios verdes de palabras que se curan a sí mismas. Sanás del miedo, le hablás al volcán para que no se enferme nada.

Rodeada de hormigas negras que merodean el cansancio de la tierra. Rodeada de espigas viejas que se mecen en el precipicio de una foto.

Tenés impulsos que son como bosques.
El tiempo ha licuado las manos.
Se comprueban las alas y sí, funcionan.
Pero has aprendido a no asegurar nada.


Un  juego: estar atentos, siempre atentos cuando llegue la lava.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Viajeras del tiempo

respiraste dentro del agua
respiraste polvo
y soñaste otra vez
y otra vez con ella
a veces te descompones en la memoria
en las mareas.
y en el fondo
hay arena flotando sin peso

un orificio para oír el viento
una ranura para mirar fijo la luz
la magia negra te alcanza
fermento en la boca
ojos de gallo azul
miedo de mosca enroscada en la almohada

se encapsulan los recuerdos
y cuando nos miramos
somos viajeras del tiempo
hemos estado aquí y allá
yendo y volviendo cientos de veces
entretejiendo el pasado
el estado de las cosas

amor de formas torpes
curva infinita de días
tormentas a un costado del río

sábado, 9 de agosto de 2014

Dulce árabe

Uno de agosto sirviendo helado de postre,
secando las lágrimas.

Soltaste un pedazo de vos allá adentro cuando nadie miraba.
Soltaste un pedazo primordial.
Ahora no sabes cómo seguir sin eso.

Ramas resecas se quiebran debajo de las zapatillas.
Nubes grises de domingo.

Agujas en la espalda.
No lastiman, no parecen curar.

Dulce árabe de postre,
sangre árabe de un día olvidado
 en el invierno. 

A los diez años tus dientes blancos se miraban 
en el espejo grande del baño de la abuela 
mientras tus hermanas dormían.
Se hornearon tantas cosas, se perdieron, se murieron debajo de la mesa ovalada.
Te escondiste ahí. Olía a madera y a licor.
Te partiste en dos y la tierra se abrió a pesar tuyo.

Los dolores de otros se hacen hondos,
se vuelcan en el viento de agosto
se hacen tierra que entra y sale de lo oscuro.



lunes, 30 de junio de 2014

Polvo II

Saliendo del lodo, se enfría lo seco del aire. Se enredan las palabras que decís.
Y cada vez decís menos.

Te atrapa el lodo de nuevo. Y ese lodo es tierra y la tierra es polvo de estrellas. 
Todo estaba acá dando vueltas: Nube de Polvo es nuestra casa. Nube de Polvo  es nuestra madre.

Llevó mucho tiempo ser lo que ahora sos para malgastar el tiempo. Existencia hecha de estrellas explotadas.
 Ahora te atrapa Youtube, Facebook.
Las distracciones vienen de adentro, no de afuera.

Hablamos entre nosotros como si no fuéramos sagrados. Un sagrado pedazo de vos en mí, un sagrado pedazo de vos adentro de todo.
No sabes lo que es ser otro ¿Como será ser otro? ¿Como será sentir que no te quieren, sentir que te robaron algo?
Querés decirles a los demás  lo que pensás, pero lo haces enojado, porque todavía vos mismo no aprendiste.

Hoy caminaste muchas cuadras del trabajo a tu casa. Tu amigo salvó a un perro que estaba atrapado entre unas rejas, justo al medio. Las rejas eran muy altas y el perro no hacía pie en el suelo. Estaba agitado, había señoras gritando, preocupadas. El mismo día encontraron miles de zapatillas nuevas pero de un solo pie tiradas fuera de una fábrica. 

Se te van las mejores energías del día. Se va la calma, la intensidad de las mareas de la mente. Se va el Sur, el recuerdo de que estuviste tarde. De que cada vez que buscabas se cansaban las piernas.
Sos mujer, competís por el amor de otros.
Hoy/ayer se  olvidan las cosas que importan. Miles de listas sin terminar.

Olvidando el polvo de brillo que nos da forma.  lo viste hoy en el rio Suquía, cuando el colectivo lo cruzaba. Antes que atardeciera, dos señoras reflejaban ese brillo en sus caras con el sol de la tarde. La luz  se veía blanca, como un reflejo. Sus caras con rasgos achinados parecían de mármol moreno.

Cada vez que cruzas el puente, cruzas el mundo.
 Agua. 
Los ríos que nos atraparon se ven chiquitos

miércoles, 28 de mayo de 2014

Volcán I

Explotaste en los ojos de vino, palpitaciones, golpes y flores.
Explotas a diario y te sentís bienvenido cuando sale el sol.

Adentro y profundo, la lava se vuelca de su cuenco. Cuando vuelvas a ver, vas a dormirte en algodón.

Si estas acá, ya no te veo.
Si te fuiste, sos como espuma.
Te transformas en el aire.
Tus átomos cambian hasta entregarse al volcán. 
Como un Febrero antiguo y experto en viejas ideas, te comes por dentro. 

Como el libro abnegado, la mujer abnegada espera. Pone mil puntos suspensivos en la acera de la nada caliente.
Esperas el metro, la métrica  que ya no suena bajo la piel.
Se rasga algo, es lo mismo de siempre. Como si en una sola vida no pudiéramos quebrar muchas cosas distintas: son las mismas siempre.

 fuego avanza.

miércoles, 30 de abril de 2014

El que no duerme


Sos vos en la tinta que se opaca. Sos vos cuando no podes verte en ningún espejo.
Conocemos tu rostro y tus gestos más de lo que vos en toda tu vida te has conocido.

Y hoy que es una tarde de Domingo, miraste a tu amor y lloraste por una frase de una peli melosa (“Despierten a la presencia divina, que duerme en cada hombre y cada mujer, reconózcanse mutuamente en ese amor que nunca cambia.”)

El cielo no se mezcla, se espera. Y en los ojos de todos los misterios se encuentran el Nilo y otros lugares donde la gente te ama.

Se calma el fondo.
Vos seguís sosteniendo lo que queda de los recuerdos familiares. Las fotos viejas que nunca escaneaste. Vos custodias esa enorme cantidad de palabras que resuenan tristes a lo lejos.
Tus hermanas se hicieron ramas; se buscaron en sueños y volvieron a ser chicas. Jugaron y sacaron la tele chiquita al patio mientras comían facturas.
Más tarde te quedaste frío, durmiendo en la cama cucheta. Despertaste y dormiste otra vez en el sueño.
Tu casa, tu familia, tus discos fueron atropellados por un huracán sin tierra. La nieve que nunca llegaba se transformó en la Navidad. También había perros, gatos, tíos y  hubo codornices un verano.

Lluvia de montaña que aparta lo seco: no lo escuches al que no duerme. Quedate sonando un rato más, apagá los bosques.

lunes, 17 de marzo de 2014

Vos no hablás

En la boca, en su boca.
En la boca que todos esperan, se habla del viento.
Ese viento no es el mismo que golpea los hielos de la lluvia y se cuelga en el pavimento del sonido.

La segunda vez que vengas.
La mejor vez que vengas.
Viento: vos no hablás.

Estás en la pieza, se funde la almohada. Las sábanas se hacen agua, se funde tu rostro con lo oscuro. No hace frío, es el sexto mes del año. Es el sexto día desde que soñaste con el lodo empantanando todo: las piedras, el amor, los ríos.

 Cuántas veces se repetirán las mismas frases. Es circular.
 Querés salir de tu casa de fiebre. Querés apaciguar  el corazón cansado de rutinas.
 Los sueños responden a tus preguntas, esperan flojos.
Y volvés a preguntar sobre lo mismo cien veces más, como si no lo supieras desde el fondo.

Cada palabra es fin, cada vez, cada muerte. Se enlazan los ojos con piedras volcánicas que aparecen en el camino. Las guardas en el único lugar posible: tu bolsillo. Y seguís el camino como se pueda, cuando se pueda.

Y otra vez viene desde el fondo de tu ser, ese rostro que te enmudece y te paraliza. Son tu padre, tu madre y los hermanos que no nacieron. Vienen nombres de la personas que quisiste como un vómito, los nombres de las posibilidades en el llano.

Estabas en el claro del mundo.
 Aprendizaje.
 Muchas veces caían los frutos y las uvas de los árboles,
sin pudrirse.

martes, 4 de marzo de 2014

laten las plantas

Subida al amor de una terraza
encuentra tarde
porque el ruido no deja de zumbar
como las estrellas no dejan de quemarse a sí mismas por siglos

El ojal de la tarde enhebra hielo triturado
se nos abren ventanas, ramas, sol
el aire se quema y se apaga
no hay lugar a donde ir porque todo se va
todo duerme en la casa
la siesta se hace larga
dura hasta caer el sol
crepúsculo licuando sombras

Siento que laten las plantas
ahogada en el baño de musgos
risas de inviernos líquidos en la mente
y yo estoy entre vos y un mundo de cosas. 

El aire que respiro se quema y se apaga

coloso

Sos el coloso que estaba en mí, detrás de mis párpados hambrientos de nombres.
Yo quería saludarte, quería estar cerca, en la entrada de luz de tu pieza.
Mire tantas veces al verano de costado. Miré asegurándome que el cielo te cuidara y no pude contener al corazón de palabras.

Soy una estatua acá parada entre otros ojos.
Formato cansado, espía del tiempo.
Yo te quise, te quiero.

Sos inmenso, coloso. Habitas en mí, como tantos otros, sin espacio-tiempo.

Un par de ojos sobre un par de tés tibios.
Y conté un río de palabras, de películas viejas que me emociona nombrar. Atardecer de cosas que mueren y se deforman en nuestra mente.



Anochecer en la casa sola. 

jueves, 6 de febrero de 2014

quiero

Pedazos de días que chorrean charcos de lluvias dilatadas. Espacio tiempo inmune a los rayos.
La calle es un río, vidrios, cables, bolsas de nylon

Esperando que paren los truenos; que pare un poco el flujo de agua. Los niños chiquitos se tiran de toboganes de agua y barro que se forman en la calle.  Bajan madres del colectivo con tacos altos y ropa de verano. Nenas en sus brazos, cruzan la calle- río para ir al hospital.

Caramelos baratos de kioscos, tengo $1 en mi monedero. Quiero un café caliente, quiero zapatos baratos, quiero el cielo y un monte verde de pinos para ver. Quiero.

Suben las mareas y nos amuchamos con una desconocida bajo un pedazo de techo, nos mojamos, nos reímos; no viene el colectivo.
Números mágicos adentro de galletas de la fortuna. Ruidos de ovnis en el patio de cinco.
Los rubíes falsos brillaban en la arena desde antes que naciéramos. 

miércoles, 29 de enero de 2014

13 de enero

Algo se agota y esta por culminar en el pasto.
Ya no hay helado de vainilla que  distraiga a la mente de algún foco.
En la bici, drogada de ideas, casi piso a una chica. Las dos nos pedimos disculpas.

Sigo por la calle,
voy tan oscura.
Los pozos del camino se hacen humo.

Garabatos del cielo que hipnotiza. 
Las cerraduras de siempre, las palabras de siempre. 
Atrapados en un loop de amor que no fluye.

Hay dolor sin dolor.  
Sal de arena.

lunes, 27 de enero de 2014

las agujas II

Densas las palabras. No sé cómo hablar.
 El tiempo es agua, aguja. Se une en los extremos del principio y el fin.

Circulan los peces de arena. Me hablo  frente al monte, le hablo a mi parte infinita. ¿Cómo hago con la tristeza, para tirarla al río y que ya no vuelva?

Las ramas me escuchan e intentan absorber los males. Así se calman. Así se alteran.

Viajo a la noche  que se ha enredado ahí atrás. Viajo hacia allá en una capsula sin nombre.

 Mis antenas son de viento
 rompen las entrañas de los bosques.

sábado, 25 de enero de 2014

las agujas

Te vi en los sueños bajo el agua.
Estoy siempre acá, estas siempre acá.
Eras manos y agua amarilla del río, las piedras de la arena gruesa lastimaban los talones.

Eras un sueño en el agua de mis pies. Eras el único par de ojos en ese monte. Los peces picoteaban con suavidad la piel.
Frente a los árboles.
Las agujas de los árboles. 

Estirabas las manos para darles pan a los peces, venían,  comían, se quedaban cerca de la orilla.  El sol en el sueño, imposible de tan grande.
Un cerro floreciendo en el vientre de agua. El miedo adentro. Se va el río, se lleva partes. 
Caen rayos dormidos y dan portazos en la noche de campo. 
Te quiero, no te quiero. Y no me encuentro en la sustancia de los huesos.
 Estoy siempre acá, estas siempre acá.

Toman forma sombras, toman helados y fresas de enredaderas con espinas.
Se nutren de la montaña. 
No encuentro amor en la raíz.  
“Paz y violencia” grita una nena en el agua.