viernes, 22 de julio de 2011

Se acuestan los caminos

Se acuestan los caminos.
Se pierde la mañana.
Se van a otro lado los aromas.

Está vivo el silbido entre las paredes. Se unen, conversan, cocinan arroz una y otra vez, hasta la noche. A alguna hora se dan la mano. Aparecen los grillos. Se mojan las esponjas. Hacen una lista.
Los chinos del super hablan a los gritos y en chino, entre ellos.
El sol cubre las verduras y las frutas; satura los colores.  

Los estantes se desatornillan. La compu se rompe. Nadie contesta nada.

Campos giratorios de girasoles. Semillas y frutas secas en las bolsas de la dietética.
Una nueva lista con un dibujo en el reverso de la hoja, un nuevo repasador.
Rutina desanimada y cansada.
El placer se rompe y se vuelve a armar, como las canciones y los abrazos; como los juguetes y los semáforos; como las calles y las uñas; como las personas y los bailes.

Hay un poco de luz en el baño, si tratás de mirar.
Luz en los pelitos de la nuca, luz en las plantas. Hay luz hasta en lo lugares donde parece no haberla.

Sus ojos son lo que más importa.
Hay que mirar mucho y saber hacer silencio; escuchar cuando los otros quieren aprender. Y cuando nos dan tesoros que no entendemos, hay que saber guardarlos para después.